La pandemia obligó a profundizar el uso de una herramienta que ya existía, pero hoy es el único modo de contacto entre artistas y público: virtudes y dolores del recurso que signa a 2020.

La modalidad de conciertos por streaming –transmitidos a través de una plataforma digital vía internet- no es algo nuevo, pero se convirtió en la actualidad en un fenómeno cultural a nivel global. El aislamiento social que muchos países adoptaron como medida para prevenir los contagios de Covid 19 frenó la actividad de recitales, obras teatrales, cines, bares culturales y boliches, entre otras disciplinas en salas con público presente. En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), una de las más pujantes en materia cultural del país, no suceden acontecimientos en vivo –en su formato tradicional- desde mediados de marzo. Por eso, los artistas y trabajadores del sector tuvieron que reinventarse y encontrar nuevas formas de comunicar y sostener la actividad.

Apenas comenzó la cuarentena en el país, se multiplicaron en las redes sociales –Instagram Live y Facebook Live, sobre todo- las transmisiones musicales en tiempo real. Es decir, conciertos caseros, gratuitos y espontáneos sin demasiada producción que los artistas realizaban desde sus casas a través de su celular para no perder contacto con su público y para acompañar con algo de belleza en un contexto cargado de tristeza e incertidumbre. En mayo, la Legislatura porteña empezó a analizar un protocolo para la apertura de estudios de grabación y salas de ensayo para la realización de discos y, especialmente, la transmisión de recitales virtuales con la posibilidad de mejorar la técnica en materia de sonido e imagen. Y a mediados de junio, se aprobó un protocolo a nivel nacional para el desarrollo de actividades musicales sin público y con grupos reducidos de personas, con el respaldo del Ministerio de Cultura de la Nación.

De este modo, hace un par de meses la actividad musical entró en una nueva etapa. Si bien los primeros días de agosto se aprobaron en San Juan y Salta rigurosos protocolos sanitarios que permiten la vuelta de los espectáculos artísticos con público, lo cierto es que en ninguna de las otras regiones del país está permitido realizar shows con espectadores en el mismo espacio. En Buenos Aires, el retorno a los escenarios “reales” es una realidad aún distante. Sin embargo, afloraron en los últimos dos meses diversas plataformas digitales que permiten a los músicos y músicas independientes brindar conciertos de manera profesional, incluso con entrada paga. Ticket Hoy, Ticketek, Entrada 1, Passline y Zoom se posicionaron como las principales plataformas preparadas para este tipo de transmisiones monetizadas.

Por supuesto que este contexto emergente trae aparejado una infinidad de reflexiones, inquietudes, incomodidades y discusiones sobre cómo llevar a cabo un concierto por streaming de la mejor manera, cuáles son/serán sus efectos culturales a mediano y largo plazo, si es un formato que llegó para quedarse, si se trata de una posibilidad efectiva para sostener la industria cultural, y qué virtudes y limitaciones presenta el entorno digital, entre otros asuntos hoy sobre la mesa. Porque, además, no hay una única forma de realizar un streaming. Se trata, claro, de un formato adaptable, interactivo y dinámico, no fijo. En definitiva, la clave de todo es lograr la belleza artística y la conmoción. Y entender que el streaming es un modo distinto de vincularse con la música, pero no va a reemplazar a los conciertos presenciales.

Virtudes y limitaciones 

“Lo primero que me llamó la atención como espectador al comienzo del aislamiento social fue la generosidad de los artistas para con la comunidad de ofrecer su arte, pero también me preocupaba cómo todos regalaban ese contenido sin pensar en cómo monetizarlo”, apunta Racu Sandoval, productor y gestor cultural. “Por un lado, lo que sucede es que el mundo de la producción integral de conciertos fue a buscar una herramienta que ya existía, el streaming, porque fue la única solución para poder construir contenidos que de alguna manera interpelen a la gente”, analiza el comunicador, gestor cultural y manager Carlos Sidoni. “Lo que estamos viendo son formatos más ‘tradicionales’ y otros que trabajan con el grabado y la posproducción. Y creo que el streaming va a ir adquiriendo nuevas formas de pararse arriba del sistema. Formas que ya existen pero que todavía no exploramos, porque teníamos puestos todos los recursos y la atención en el formato tradicional”, apunta Sidoni.

Para Sidoni, la comunidad artística y la industria cultural aún poseen un “profundo desconocimiento sobre la existencia de esta modalidad y su manejo”. Por eso, ahora los equipos de trabajo tienen que contemplar con un montaje audiovisual, algo que ya sucedía ocasionalmente pero que “no estaba pensado como producto”. De alguna manera, esta modalidad permitió la reactivación del sector, porque entraron en juego técnicos de imagen y sonido, pero aún sus efectos económicos son insuficientes. “Los live streaming por el momento no alcanzan para sostener a la industria, son apenas un paliativo promocional y eventualmente financiero. Pero creo que sí llegó para quedarse en tanto y en cuanto hemos descubierto que un streaming promocionado casi igual que un concierto tradicional en una ciudad única ahora puede multiplicar la cantidad de tickets vendidos. Porque ahora un artista puede llegar a una cantidad de público que no hubiera podido verlo si, por ejemplo, no se iba de gira”, rescata Sidoni sobre la posibilidad de trascender públicos y fronteras que permite un recital virtual. “Creo que se abre una unidad de negocio para explorar y más en un contexto en el que no podemos trabajar como antes”, dice.

Juan Parodi, director teatral y asiduo espectador de eventos culturales por streaming, dice que “habría que preguntarse si estamos preparados técnicamente para sostener muchas transmisiones en vivo en simultáneo”, dice en torno a unas fallas de la plataforma de Ticket Hoy, que se saturó antes de un espectáculo de Martín Bossi. “Me parece interesante la combinación de disciplinas que permite el streaming y también nos pone ante el desafío de pensar la imagen”. “Me parece interesante en este formato es cuando el artista entiende el punto de vista, el ojo de la cámara, cuando entiende la mirada, la conexión con el que está en la casa viéndolo”, resalta Parodi.

Fuente:pagina12.com.ar